PATERNIDAD ADOLESCENTE: UNA CORRESPONSABILIDAD INVISIBILIZADA
Cuando del embarazo adolescente se trata, está el componente que alude a las representaciones sociales sobre la adolescencia y la sexualidad, que tienden a ser negativos. Por lo tanto, el “embarazo adolescente” se convierte en un tema que equivale a un doble problema, adquiriendo un matiz casi catastrófico. Si se realiza un ejercicio de asociación libre con las palabras embarazo adolescente, suelen presentarse imágenes mentales como una chica embarazada, una joven con un bebé en brazos, una adolescente irresponsable, inexperta, abatida, desconsolada, triste, culpable, con vergüenza y tal vez miedo. En fin, una mujer “fracasada” y que saboteó su futuro. ¿Por qué no hay cabida para imágenes de mujeres adolescentes con ilusión, con alegría, con fortaleza entre otras? Es más, ¿por qué priman las imágenes de un sujeto femenino como protagonista y única responsable del embarazo? ¿Dónde están los varones padres? ¿Por qué no hay imágenes mentales de adolescentes que dejaron sus estudios para trabajar, o de otros que combinan sus estudios con el trabajo, la mayoría de veces precario? ¿Imágenes de jóvenes que no tienen poder de decisión con respecto de su hijo o hija; de chicos que son privados de continuar con su relación de pareja y que en muchos casos reciben amenazas y el dictamen de no acercarse a su hijo, hija y/o pareja, por parte de sus propios padres o los de su pareja? Incluso, ¿por qué no aparecen imágenes de varones también alegres, con esperanzas e ilusiones, con orgullo, motivados, con la voluntad de tener un rol activo como padres, por lo tanto, con un sentido de responsabilidad?
Cuando se conocen datos como los del informe del UNFPA publicado en el 2013, que indica que son más de 7 millones de adolescentes que se convierten en madres al año, que hay 70 000 menores que mueren por complicaciones en el embarazo y parto, que 3,2 millones arriesgan su vida en abortos en condiciones no adecuadas y que además los embarazos son el resultado de la “ausencia de elección y de circunstancias ajenas a su voluntad” (El Comercio, 2013), cualquier persona se estremece por el oscuro panorama. Pero considerar solo estos datos, es negar que existen diversas formas de experimentar los embarazos y que para algunas y algunos adolescentes. No representa necesariamente un problema. De allí la pertinencia a revisar la intersección de las construcciones sociales en relación con la adolescencia, la sexualidad (feminidad, la masculinidad, las relaciones genéricas, los atributos, roles y estereotipos de género), el machismo, el marianismo y el patriarcado, así como su conjunción con la paternidad adolescente, palabras no tan populares como las de maternidad adolescente o su equivalente en el imaginario social, el embarazo adolescente.
INTERSECCIÓN DE LA SEXUALIDAD Y ADOLESCENCIA
Hablar de embarazo adolescente conduce a necesidad de repensar, de reflexionar sobre la sexualidad y la adolescencia. Respecto de la sexualidad, cabe mostrar características fundamentales, así: La sexualidad debe ser entendida como una construcción social, es decir que es configurada por la sociedad y que está ligada a las relaciones sociales, a los deseos, a los afectos y las emociones, a la vida integral, al contexto, y que por supuesto tiene un lugar, que es el cuerpo. Por lo tanto, es fundamental cuestionar y deponer la noción de la sexualidad como natural, irresistible, incontrolable, instintual y hasta peligrosa (Weeks, s/a).
Según la OMS/OPS (2006), la sexualidad es “un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vivencia y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales. La sexualidad puede incluir todas estas dimensiones, no obstante, no todas ellas se vivencian o se expresan siempre. La sexualidad está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales”. Es decir, la sexualidad atraviesa la vida misma y posee múltiples aspectos. Sin embargo, en el caso ecuatoriano la sociedad está plagada de prejuicios y discursos que la determinan como algo netamente biológico, que se debe ocultar, controlar y que incluso puede ser pecaminoso. Apreciación propia del mundo occidental, contrapuesto a miradas ancestrales de la sexualidad como parte de la cotidianidad, como fuente de bienestar e incluso relacionado con la espiritualidad. Es así que Gómez (2013) sostiene que la sexualidad en el caso de occidente, ha estado fuertemente influenciada por una moral sexual dominante que la reprime y condena.
Liliana Maribel Jayo Suquillo, PATERNIDAD ADOLESCENTE: UNA CORRESPONSABILIDAD INVISIBILIZADA
(Fragmento)
Extraído el 06 de diciembre de 2021 desde la página web: https://www.revistapuce.edu.ec/index.php/revpuce/article/view/97
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